¿En qué consiste el aval bancario?

El concepto de aval hace referencia a una forma de garantía que se da ante las obligaciones económicas. A la hora de pedir un préstamo o una hipoteca, el aval actúa como un seguro que responde por el propio cliente cuando este se muestra incapaz de hacer frente a los pagos u obligaciones del contrato. En el caso concreto del aval bancario, la entidad financiera se encarga de cubrir los gastos del cliente, como si de un seguro de pago se tratase. Por norma general, el interesado debe pagar una cuantía mensual al banco que lo avala, para que este pueda hacerse cargo en el futuro de posteriores impagos.

También existe la figura del avalista, que es toda aquella persona que de forma personal se ofrece como garantía a un tercero para resolver sus problemas económicos. En la mayoría de los casos dichos problemas tienen que ver con la solicitud de un préstamo personal o hipotecario, y será el avalista quien tenga que responder ante la situación de deuda o impago de su cliente.

La solicitud de avales se da sobre todo en los casos en los que el cliente no dispone de una solvencia económica suficiente como para hacer frente al préstamo. Otros factores que influyen a la hora de pedir un aval son una situación laboral inestable, una edad avanzada, o el hacer frente a unos costes muy elevados en un periodo muy corto de tiempo. En resumen, los avales se conceden normalmente al titular de un préstamo que presenta un riesgo elevado de impago.

Debido a la situación actual de la economía en España, el aval bancario es uno de los productos estrella de las entidades financieras de cara a hacer frente a un contrato de alquiler. Cada vez es más frecuente que tanto bancos como propietarios se pongan de acuerdo y empiecen a exigir un aval, que puede abonarse de distintas formas. La más común es que el inquilino y cliente se haga cargo de los pagos mediante la suma de su renta mensual, pidiendo un aval de al menos 6 meses.

Tipos de avales bancarios

Como ya hemos visto anteriormente, un aval bancario se otorga por parte de una entidad bancaria que puede ser distinta a la que proporciona el préstamo o la hipoteca a la que se hace frente. Cada vez es más común que estos avales se utilicen para la contratación de otros servicios, pero aun así podemos distinguir tres tipos:

  • Avales técnicos: son los que tienen como garantía el cumplimiento de una obligación no financiera o económica, como el contrato de un determinado servicio o el de una obra. Se trata de un tipo de aval que va ligado a procedimientos administrativos, contratos de suministros o a obras públicas.

  • Avales económicos: son aquellos en los que el avalista se compromete al abono de un pago aplazado para hacer frente a los gastos del alquiler o de un impuesto. Garantiza, por lo tanto, la devolución de una cantidad de dinero que se habría recibido previamente en forma de préstamo por el beneficiario del aval.

  • Avales comerciales: son de tipo económico, pero en este caso la garantía bancaria se encarga de hacer frente a los pagos derivados de las transacciones comerciales del cliente avalado. Se dan sobre todo en las operaciones de exportación e importación de bienes o en créditos documentarios, aunque también es común que este tipo de aval bancario se utilice para pagar alquileres de viviendas.

Fuera del concepto del aval bancario, podemos encontrar también el aval personal, que es igual de importante. Este es emitido por cualquier persona física o jurídica que se comprometa al pago de una deuda en representación de un tercero que se vea incapaz de hacer frente al impago. Es común que el avalista tenga que responder con todos sus bienes a modo de garantía para el aval, por lo que puede conllevar un gran riesgo. Aunque es común el uso de avales personales a la hora de financiar empresas o adquirir créditos al consumo, al no exigir ningún tipo de gasto para su constitución, no es raro que sea la forma favorita entre amigos cercanos y familiares, debido al riesgo que este conlleva.

¿Cómo se obtiene un aval bancario?

Al contrario de muchos otros productos financieros que han podido adaptarse a las nuevas tecnologías, el aval bancario se sigue solicitando de la misma forma desde hace mucho tiempo. Este proceso tiene su lógica, porque se trata de una acción más compleja que la de los préstamos rápidos o créditos personales a los que estamos acostumbrados.

Para poder solicitar el aval es necesario acudir personalmente a la entidad financiera escogida. Una vez allí, esta estudiará con detenimiento las características del cliente y su capacidad para cumplir con los pagos establecidos en el contrato. Cuando el particular o la empresa realizan el ingreso, el banco se encargará de cumplir con su obligación de pago en caso de que sea necesario usar el importe del aval, pero si esto llegara a ocurrir, el avalado deberá hacerse cargo de restituir el dinero utilizado por la entidad.

Por otro lado, la entidad financiera se encargará de observar y establecer ciertas condiciones relacionadas con el aval, y que estarán influidas en gran parte por la situación financiera del solicitante. Cuestiones como los plazos para realizar los pagos, o los requisitos para que el aval responda ante el cliente, serán respondidas de forma personalizada en el contrato y las condiciones. Ya que el aval bancario es un producto de riesgo para el banco, es bastante común que estos se lo concedan con más facilidad a los clientes más antiguos de la entidad, o a aquellos con los que tengan algún tipo de vínculo.

Finalmente, es importante recalcar el hecho de que los avales bancarios no son un producto gratuito. Si bien no implican un pago inmediato por parte del banco, la existencia del riesgo es aprovechada por las entidades para que los avales resulten provechosos. Existen una serie de comisiones de apertura, estudio y riesgo que dependen en gran medida de la cuantía solicitada como aval, y pueden llegar al 0.75% del importe en algunos casos. Además, a todos estos costes hay que añadir los de la figura del notario, que debe firmar el contrato, y que pedirá un pequeño porcentaje adicional. A los avales realizados con una garantía hipotecaria habrá que sumarles también el impuesto de Actos Jurídicos Documentados que va asociado a la escritura del inmueble.

¿Es buena idea convertirse en avalista?

Al igual que los bancos pueden ofrecer un aval, las personas pueden convertirse en avalistas respondiendo ante un tercero con su propio patrimonio personal o el de su empresa. Este compromiso requiere el uso de la prudencia, por lo que se deben calcular todos los factores con detenimiento y considerar los riesgos inherentes a esta acción, entre los que destacan:

  • La inclusión en la lista de morosos: listados como el ASNEF o el RAI pueden ser el destino final de los avalistas que hayan salido perdiendo en su apuesta. Aparecer en estas listas por culpa de un impago supondría la pérdida de acceso a los créditos y préstamos bancarios de cara al futuro, ya que rara vez las entidades conceden uno de sus productos financieros a un cliente que figura como moroso.

  • El embargo de los bienes: es la consecuencia última de los impagos por parte del avalista. Cuando la deuda se prolonga por mucho tiempo, los procesos legales podrán hacer que un juez dictamine el embargo de la nómina, las cuentas bancarias y hasta de los bienes personales e inmuebles en los casos más extremos. Este es el mayor miedo que puede tener un avalista, pero también es una situación que suele darse en muy pocos casos.

Una vez asumidos los riesgos, si finalmente se decide tomar este camino, bien sea en ayuda de un familiar o amigo, o como apuesta por una empresa, es importante contar con ciertos requisitos: cuenta corriente estable y saneada, bienes inmuebles en titulación y una nómina mensual fija. Es importante destacar, que si bien los riesgos anteriormente expuestos pueden llegar a ser extremos, solo se dan en el caso de que todos los bienes embargados al titular del préstamo no sean suficientes como para pagar la deuda, en cuyo caso el avalista responderá tan solo con la parte restante.

Alternativas al aval como método de financiación

Aunque los avales son más comunes en las solicitudes de préstamos hipotecarios o personales, muchas personas recurren a ellos para poder iniciar un nuevo negocio y emprender, o como una inversión para una empresa ya existente. Cuando un proyecto se traba por la falta de financiación, es muy probable que el aval requerido por los bancos no esté entre las posibilidades de los clientes, o simplemente estos decidan no arriesgar sus bienes más preciados para lo obtención del préstamo. Por fortuna, tanto las nuevas tecnologías como la adaptación a la crisis económica, han dado lugar a nuevas formas de financiación alternativas al aval bancario. Algunas de las más comunes son:

Los microcréditos: son una de las opciones de financiación favoritas, y pueden obtenerse fácilmente de forma online. Muchas plataformas y entidades financieras disponen de promociones exclusivas en las que no se cobran comisiones para los nuevos clientes, ofreciendo además intereses muy bajos o inexistentes. Esta vía puede proporcionar el impulso necesario para salir de un apuro personal o invertir en un proyecto, pero las cuantías obtenidas son bastante bajas.

Los préstamos rápidos: se conocen también como mini préstamos y funcionan de un modo similar a los microcréditos. La única diferencia reside en que los mini préstamos aportan todo el capital de una sola vez, y no en distintos plazos como los créditos, de modo que es posible disponer directamente de una cantidad determinada de dinero. A pesar de la sencillez y rapidez que ofrecen, las cuantías suelen ser muy bajas, por lo que solo son útiles para solventar eventualidades e impulsar startups y nuevos proyectos.

El crowdlending: es una alternativa que se ha popularizado gracias a las nuevas tecnologías, aunque existía desde hace tiempo. También es conocida como préstamos P2P, y es posible encontrar numerosas plataformas que practican esta forma de financiación. El importe adquirido mediante crowdlending es aportado por muchos participantes interesados en la iniciativa. Cuando se consiguen los objetivos del préstamo, este es devuelto a los participantes con intereses, generalmente mayores que los que un banco ofrecería, y si la iniciativa falla, el dinero vuelve a sus dueños originales.

El crowdfunding: se trata de otro método de financiación colectiva muy popular en la red, y tiene su base en las donaciones económicas para financiar un proyecto o inversión determinada. Aunque puede ser de corte solidario, el crowdfunding puede otorgar recompensas como incentivo a los donantes, por lo que pasaría a ser un préstamo en cierto sentido, sobre todo cuando este financia la creación de un nuevo producto que posteriormente se enviará a los participantes como pago por su interés.

Los Business Angels: se trata de inversores profesionales con nombre propio que están interesados en productos e ideas atractivas y con potencial para el mercado. Su objetivo es participar de un proyecto ganador, por lo que aportan el capital necesario además de su formación, conocimientos y enseñanzas. Se les puede encontrar fácilmente en eventos relacionados con los emprendedores y allí donde se reúnen distintos talentos para exponer sus ideas.

Las subvenciones públicas: es una forma de financiación que muchos olvidan pero que está siempre presente. Cada año, el gobierno junto con sus organismos públicos aprueba nuevas ayudas, tanto a la vivienda como en materia empresarial para emprendedores y nuevas empresas, por lo que antes de pedir un aval, sería interesante consultar todos los programas y novedades que ofrece el Ministerio de Industria, el de Vivienda o el de Cultura, entre otros.

La ayuda de familiares y amigos: aunque las personas más cercanas puedan servir como avalistas a la hora de pedir una hipoteca o préstamo, siempre existe la opción de pedirles directamente el dinero. De este modo y en confianza, podrán fijarse una serie de cuotas y plazos sin la necesidad de arriesgar los propios bienes como garantía para un aval bancario.