La Cuenta Bancaria

Actualmente es imprescindible tener abierta una cuenta bancaria, el mercado financiero y la forma en la que operan todas las empresas obligan a disponer de este servicio que cuenta con una variedad muy amplia dando la oportunidad al consumidor de elegir el tipo que más se adapta a sus necesidades.

Se trata de un contrato firmado entre el consumidor y la entidad financiera que permite al usuario ingresar su dinero en el banco que es quien se encarga de custodiarlo y utilizarlo para las operaciones que le encargue el cliente.

Una cuenta bancaria sirve para domiciliar el pago de los suministros más habituales o el cobro de la nómina, operar con tarjetas o realizar transferencias de dinero.

Elementos propios de las cuentas del banco

Todas las cuentas bancarias cuentan con unas características comunes que están presentes en todos los tipos. En primer lugar son líquidas, esto quiere decir que se puede ingresar y retirar dinero de ellas las veces que sea necesario.

Hay que tener en cuenta que en ocasiones los bancos establecen un límite en la retirada de dinero que se lleva a cabo a través de los cajeros, el motivo es que puede ocurrir que la sucursal no cuente con una cantidad muy elevada para destinar a un solo usuario.

En estos casos será necesario acudir físicamente a la entidad o avisar al banco con antelación.

Otro rasgo propio de las cuentas es que están garantizadas, esto quiere decir que el banco adquiere el compromiso de proporcionar al cliente el dinero que necesite en cada momento, siempre y cuando esta cantidad no exceda a la cuantía que tiene el usuario depositada en la entidad.

Para aportar más seguridad, la mayoría de entidades cuenta con un Fondo de Garantía de Depósitos con capacidad de cubrir hasta 100.000 euros del titular de una cuenta en caso de que la entidad quiebre.

Finalmente, se encuentra una de las características que da sentido a la existencia de estas cuentas, su utilidad. Estos depósitos permiten al cliente realizar operaciones como compra y venta de valores, productos y servicios, envíos de dinero o extracción de capital.

El coste y la rapidez o efectividad con la que se realicen estas acciones dependerá del tipo de cuenta que el cliente tenga contratada.

Un número identificativo de las cuentas

Todas las cuentas bancarias están formadas por un número que sirve para identificarlas. Actualmente es un código que recibe el nombre de IBAN respondiendo a las siglas de “International Bank Account Number”..

Es utilizado en todos los países que forman parte de la Zona Única de Pagos en euros que funciona desde el año 2014 y que tiene el objetivo de aumentar los niveles de seguridad estandarizando la identificación de las cuentas bancarias que operan dentro del viejo continente.

Las cuentas españolas están formadas por un código IBAN alfanumérico que consta de 24 dígitos: 22 números y las letras “ES”, que sirven para indicar que la cuenta está ubicada en España. El resto de dígitos se utilizan para proporcionar datos sobre la entidad y la oficina bancaria.

Una titularidad que puede ser compartida

Todas las cuentas bancarias tienen uno o varios dueños que son los propietarios de estos productos y pueden decidir sobre ellos, en base a esto existen diferentes tipos:

  1. La cuenta individual que se caracteriza por tener un único titular.
  2. La de titularidad indistinta que tiene más de un propietario y que permite a cada uno de ellos realizar las operaciones que crean convenientes de forma individual.
  3. Existe un tercer tipo que se denomina cuenta conjunta o mancomunada formada por varios titulares que tienen los mismos derechos. La diferencia con la de titularidad indistinta es que no pueden operar de forma individual y necesitan contar con la aprobación del resto de propietarios.

La posibilidad de añadir un titular

Dentro de la variedad de cuentas que ofrecen las entidades financieras figuran las que permiten que se pueda añadir un titular a un producto que ya esté abierto. Algunas autorizan que esta inclusión se lleve a cabo en cualquier momento, mientras que otras solo permiten hacerlo durante algunos días o meses posteriores a su apertura.

También existen cuentas que impiden que se añada otro titular al que ya tienen, en estos casos la mejor opción es cancelarla y abrir otra que sí autorice la gestión por parte de varios titulares.

En este sentido surge la figura del autorizado que es el usuario que puede utilizar la cuenta para realizar diversas operaciones como ingresos y retiradas de efectivo o algunas transferencias de dinero, pero que no es titular ni tiene el contrato total del depósito.

Muchos progenitores tienen a sus hijos como autorizados en sus cuentas para enseñarles a utilizarlas o controlar el uso que hacen del dinero. Esta opción también puede ser muy útil en las empresas que colocan a sus mejores trabajadores como autorizados de las cuentas para que puedan realizar operaciones necesarias y beneficiosas, pero bajo el control de un superior.

Tipos de cuentas bancarias

Es muy probable que la cuenta bancaria sea el producto financiero más utilizado. La tipología de las mismas no ha dejado de aumentar desde su creación proporcionando al consumidor una amplia variedad para que pueda elegir la modalidad que más se adapte a sus intereses.

Las cuentas corrientes

Se podrían considerar como el producto más básico, sirven para llevar a cabo las operaciones más habituales entre las que se encuentran la domiciliación de pagos o la realización de los cobros. Además, ofrecen el acceso a las tarjetas de débito y de crédito.

Este tipo de cuentas no ofrece ningún beneficio al cliente y dependiendo de la entidad en la que se contraten puede que sean totalmente gratuitas, aunque lo habitual es que lleven asociadas las comisiones de apertura y administración, pero este pago suele ser muy bajo.

Los beneficios de las cuentas de ahorro

El objetivo de estos depósitos es proporcionar rentabilidad al cliente. Los usuarios de estas cuentas pueden disponer de la totalidad de su dinero en el momento en el que lo necesiten, aunque tienen que tener en cuenta que si deciden cancelarlas tendrán que hacer frente a una penalización.

Otra de las ventajas de estas cuentas es que permiten contratar cualquier producto de ahorro.

Las cuentas nómina, un producto imprescindible

Hoy en día prácticamente ninguna empresa entrega el sueldo a sus trabajadores en mano, todas las entidades ingresan la nómina en una cuenta indicada por su empleado. Este tipo de cuentas también figura entre las más comunes y el único requisito que exigen las entidades es que el salario mensual se ingrese en ellas.

Expertos y teóricos catalogan a las cuentas nómina como una modalidad de las corrientes.

El motivo es que operan de una forma muy parecida, aunque tienen algunas ventajas como regalos por ser clientes del banco o la puesta en marcha de promociones en las que se devuelve al cliente una pequeña parte de los recibos que tenga domiciliados en el depósito.

Otra característica de estos servicios es que no suelen llevar comisiones asociadas, pero tampoco generan ningún beneficio para el titular, aunque esta nunca ha sido su función.

Este tipo de cuenta está cargada de ventajas, aunque antes de contratarla es necesario leer detenidamente sus condiciones ya que algunas obligan al cliente a tener unos ingresos mensuales fijos que igualen o superen al salario mínimo, de lo contrario cargan una penalización.

Todo esto es un inconveniente para aquellos usuarios que tienen un contrato de trabajo temporal o que son despedidos repentinamente.

También existen casos de clientes a los que se les reduce la jornada y sus ingresos disminuyen de tal manera que no alcanzan a la cifra mínima establecida por la entidad y como consecuencia reciben un cargo extra.

Aunque esta forma de actuar varía según la entidad en la que se tenga abierta la cuenta, normalmente suelen cargar entre 6 y 10 euros por cada mes que no se ingresa o por cada ingreso de nómina que no llega a cifras situadas entre los 600 y los 800 euros.

La mejor recomendación para este tipo de clientes es que consulten todas las condiciones y si es necesario cambien de entidad hasta encontrar una cuenta nómina que se adapte a sus necesidades e intereses.

La oportunidad de invertir con las cuentas de valores

Este tipo de cuentas permiten invertir en acciones, títulos o bonos. Se caracterizan por estar asociadas a una cuenta corriente y permiten al usuario realizar operaciones como ventas, compras o el cobro de dividendos.

Cuentas destinadas a empresas y negocios

Este tipo de cuentas son exactamente iguales que las de ahorro o las remuneradas, con la única diferencia de que están diseñadas para las empresas y negocios. Muchas de estas entidades tienen personalidad jurídica propia y si su volumen de negocio es muy alto conviene que cuenten con productos con los que poder gestionar el dinero.

Las tarjetas asociadas a las cuentas

La gran mayoría de las cuentas bancarias cuentan con dos tipos de tarjetas que son las de crédito y las de débito y que permiten realizar operaciones como la compra de productos y servicios en determinadas superficies o retirar dinero en cajeros automáticos.

Estas tarjetas también llevan asociadas un número identificativo y son personales e intransferibles.

Las tarjetas de crédito, un control obligatorio

Este tipo de tarjetas son muy útiles para realizar inversiones o salvar situaciones de emergencia, pero requieren un control exhaustivo por parte del usuario si quiere evitar contraer una deuda con el banco que dañe considerablemente su economía personal.

Las tarjetas de crédito se caracterizan por estar asociadas a una cuenta y permiten al usuario hacer compras por un valor superior al de la cuantía que tienen depositada en el banco.

Esto es posible gracias al crédito que tienen concedido estos clientes, pero en caso de excederlo tendrán que devolver este dinero al banco con sus intereses correspondientes.

Un inconveniente de estas tarjetas es que las compras realizadas no aparecen reflejadas hasta final de mes, un hecho que puede provocar que el usuario se confíe al no ver ningún cargo y darse cuenta posteriormente de que ha realizado más compras de las debidas.

Por este motivo es esencial llevar un control de las operaciones que se llevan a cabo con estas tarjetas.

En ocasiones son los propios bancos los que ofrecen las tarjetas de crédito a clientes que cuentan con una nómina aceptable y tienen un contrato de trabajo indefinido, aunque el usuario debe valorar si asume las condiciones propias de estos productos.

El control que aportan las tarjetas de débito

Este tipo de tarjetas funcionan de forma distinta a las de crédito, su principal característica es que cada compra que se realiza aparece reflejada al instante y el dinero es retirado de la cuenta en el mismo momento en el que se lleva a cabo la operación.

Esta forma de operar libera al usuario de tener que llevar a cabo cualquier tipo de control, solo con mirar su cuenta podrá comprobar el estado de sus finanzas.

Comisiones por retirada de efectivo

Cualquier usuario que disponga de una tarjeta, sea de crédito o de débito debe tener en cuenta que es muy probable que si utiliza un cajero de una entidad distinta a la suya se le cobre una comisión por llevar a cabo esta operación.

La única forma de evitar esta situación es retirando dinero de cajeros automáticos de la propia sucursal o de entidades asociadas.

La llegada de la banca online

El avance de internet ha provocado que las formas de operar se hayan tenido que adaptar al mundo digital.

Estos cambios también han llegado a las cuentas corrientes que ahora tienen su espacio online en el que cualquier usuario puede entrar utilizando sus claves de acceso y realizar operaciones habituales como el pago de recibos o la retirada de dinero.

Las cuentas online se han convertido en una tendencia hasta el punto de que algunas solo operan de esta forma, sin utilizar tarjetas ni elementos físicos.